
Las organizaciones se enfrentan a tres retos importantes en este inicio del siglo XXI: gestionar el compromiso de las personas, aunar el sentido del trabajo y del disfrute, y conseguir que las empresas sean auténticas fuentes de riqueza compartida para la Sociedad.
El Cooperativismo de Trabajo está en mejor posición, que otros tipos de empresa, para asumir estos retos porque para las Cooperativas las personas son el eje sobre el que gira su misión, sus valores, su estrategia y su gestión.
El Cooperativista se reconoce, y se le reconoce, como copropietario de su empresa, es decir, de su trabajo. Es protagonista de su vida laboral, y sus valores profesionales no son indiferentes para su vida familiar y social.
Las empresas asumen cada vez más un mayor protagonismo en la sociedad, y las Cooperativas saben que las empresas son lo que las personas que trabajan en ellas quieren que sean.
Por eso las Cooperativas lo tienen más fácil, porque los valores cooperativos nos dan un sentido humano al trabajo, promueven la participación , valoran la educación y animan al compromiso social.
El compromiso es la palabra clave para conseguir la excelencia social. Las personas son seres libres, y con voluntad propia para decidir. El compromiso no se puede exigir, se da o no voluntariamente, igual que el afán de superación, o la entrega a un proyecto.
Tener personas comprometidas con la Sociedad, con los Clientes y con la Empresa, es el reto más importante de todas las organizaciones. Ese es un buen camino para conseguir una sociedad más justa y avanzada.